¿Por qué no me llaman?: la percepción personal

Consciencia Corporal: mejorando la percepción personal


Se dice que el ochenta por ciento de lo que comunicamos es percibido no gracias a nuestras palabras, sino:

 a)    a la manera en la que nos expresamos

b)    a nuestro lenguaje corporal


Jorge no lo entendía del todo bien inicialmente, pero le llamaba la atención que había ciertas cosas que a la mayoría de la gente se le facilitaban pero que a él le costaban trabajo, como socializar en las fiestas, o iniciar una conversación casual en la oficina.

Una de sus amigas que lo conocía de años le dijo que probablemente se debía a lo que comunicaba con su lenguaje corporal, pues no se presentaba como una persona muy accesible o amigable. Pero, ¿cómo podía ser posible que Jorge pudiera estar alejando a la gente sin saberlo siquiera?

La percepción personal

La percepción personal

“Son señales muy sutiles pero que están ahí”, le dijo su amiga, quien le recomendó un libro sobre lenguaje corporal para que aprendiera un poco más al respecto. “Resulta que cosas como pararse con los hombros demasiado echados para atrás, sacando el pecho excesivamente, es una postura muy dominante que puede resultar muy imponente para ciertas personas… es una actitud muy de ‘macho alfa’, y esa actitud no es bien recibida en todos los contextos. Fíjate cómo esa es una actitud corporal que adoptan con cierta frecuencia los ejecutivos de cierto nivel que quieren demostrar su superioridad jerárquica sobre otros empleados. También suelen darle la mano a las personas con la palma viendo hacia abajo, lo cual obliga a las personas que los saludan a darles la mano con la palma mirando hacia arriba, lo cual en el mundo de los primates es una señal de sumisión. Ese tipo de lenguaje corporal pretende alejar a las personas, al hacerles sentir que al tener un nivel mayor al que tienen ellos, no son personas a las que sea fácil aproximarse o con la que se pueda tener una conversación relajada”.

Jorge empezó a reflexionar en su actitud corporal y reconoció algunas de las cosas que su amiga le estaba diciendo, y tras leer el libro que le recomendó, supo que aunque era una persona muy agradable, sus lenguaje corporal no estaba invitando a las personas a aproximarse fácilmente a él.


Esto le dejó muy en claro muchísimas cosas, pues se reflejaba en otros aspectos de su vida, no solamente en la cuestión de la socialización… quizás había sido por eso que no le había ido también como creía en sus últimas entrevistas de trabajo. Jorge reconocía que cuando algún entrevistador le hacía alguna pregunta que él consideraba ‘incómoda’, una de las primeras cosas que hacía ante eso era cruzar los brazos y hacer un ruido gutural que expresaba incredulidad.

Y eso era otra cosa, no solo eran esos gestos de superioridad mal acogidos, sino también el tono en el que decía las cosas, porque alguien que estuviera evaluando su actitud hacia el trabajo no apreciaba que muchos de sus comentarios tuvieran un cierto dejo de sarcasmo o incredulidad.

Lo bueno es que una vez que Jorge se hizo consciente de lo que estaba fallando, pudo empezar a trabajar en mejorar su lenguaje corporal y la manera en la que se presentaba a la gente para lograr una mejor percepción en ellos. Leer algunos libros especializados en el tema, o ver incluso un par de documentales, puede ayudar a aprender más sobre lenguaje corporal y así mejorar nuestra presentación pública.

 

“Imagen por cortesía de stockimages /freedigitalphotos.net”