Mala la primera vez: Siempre hay una Segunda Oportunidad

Mi Primera Vez no fue muy Buena: Siempre hay una Segunda Oportunidad

Caí en la cuenta de que había ido a todas “como si fuera la primera vez” ¿qué era lo que me había fallado en las entrevistas a las que había sido llamada hasta ese momento?

 


Un día mi mejor amigo llegó al trabajo para darse cuenta que su asistente no se había presentado a trabajar. Un tanto desesperado, porque tenía un evento muy importante en unos cuantos días y aún le hacía falta entregar varias invitaciones, me llamó para ver si podía ayudarlo con la labor de reparto. “Yo conduzco y te espero en los lugares, tú solo debes entrar a las oficinas y dejar la invitación, porque aparcar, entrar y saludar personalmente a todas mis relaciones comerciales, me tomará mucho tiempo”, me dijo. Yo estaba desempleada en aquel entonces así que le dije que sí y comenzamos nuestro recorrido por la ciudad.

Mala la primera vez: Siempre hay una Segunda Oportunidad

Mala la primera vez: Siempre hay una Segunda Oportunidad

“Recuerdo esta parte de la ciudad”, le dije cuando nos acercamos a la oficina de uno de sus clientes, “una vez vine a una entrevista de trabajo a ese edificio”. Más adelante hice un comentario similar, “también ahí vine a pedir trabajo”, y antes de pensarlo demasiado había reconocido otros tres o cuatro edificios en donde alguna vez me habían recibido para que les dejara mi CV o para entrevistarme.

“Pareciera que tienes la ciudad bien identificada a través de los sitios en donde has pedido trabajo y en donde no te han contratado, ¿acaso ya has pedido empleo en todas las empresas de la ciudad?” me preguntó mi amigo. No puedo negar que sus palabras me entristecieron un poco porque parecían ser ciertas: era como si la ciudad entera me hubiera rechazado, y ahí estaba yo, sentada en su coche ayudándole a hacer algo para su trabajo en lugar de concentrarme en conseguir empleo.

¿Qué era lo que me había fallado en las entrevistas a las que había sido llamada hasta ese momento? Caí en la cuenta de que había ido a todas “como si fuera la primera vez”, esto es, sin tomar en cuenta mis experiencias pasadas para procurar aprender de ellas, o para ajustar mi curriculum, mi actitud o la manera en la que estaba solicitando empleo. ¿Cómo es que hasta ese punto no había podido sacar algún aprendizaje positivo de mis experiencias pasadas para prepararme mejor?

Le pedí a mi amigo que me ‘entrevistara’ como si fuera a darme un trabajo en su empresa, como si fuera la primera vez que me veía en su vida. Él fue profundamente amable al hacerme una serie de críticas constructivas: “Vístete de una manera profesional cuando te entrevisten para un trabajo, recuerda que no vas de fiesta con tus amigas: vas a que te vean como alguien clave para la empresa; cuida mucho tu lenguaje corporal: si alguien te hace una crítica, no cruces los brazos o las piernas inmediatamente, si alguien te pregunta si sabes hacer algo, no contestes que sí al tiempo que mueves tu cabeza de manera negativa… hazte consciente de lo que estás diciendo con tu cuerpo, porque si transmites inseguridad, desconfianza o falta de convicción, será muy difícil que te contraten. Recuerda que los  reclutadores están entrenados y preparados para detectar todo eso.

Entendí así que el problema podía no ser yo como persona, o mi curriculum como tal. El problema era que había visto cada entrevista que había tenido hasta ese momento como ‘la primera vez’ y no me había preocupado por ver que buscar trabajo es un proceso gradual, en la que tienes que aprender de la experiencia anterior hasta que logres llegar a un punto en el que puedas ofrecer tu presencia con seguridad, congruencia y profesionalismo, para que los entrevistadores puedan ver más allá de tu nerviosismo y considerar contratarte por el valor que puedes aportarle a la empresa. Lo importante, es sacar una experiencia positiva de cada entrevista y aprender a prepararse mejor. Y tú, ¿eres un ‘primerizo serial’ como yo solía serlo? ¿O eres alguien que aprende y mejora a partir de sus experiencias?