Grandes logros: El mito del genio solitario

El mito del genio solitario

Los grandes logros del genio solitario son con un componente de producción colectiva.

Vivimos en un mundo imaginario, en el que todo lo que vemos y usamos (ropa, tecnología, edificios, carreteras, automóviles…) surgió una vez de una idea, que a su vez, alguien decidió llevar a la práctica. La economía ha sido ese instrumento a través de la cual hemos sido capaces de construir una sociedad próspera y de confort, nos ha permitido pasar de los desiertos y las cavernas a las grandes ciudades y los rascacielos, aumentando considerablemente nuestra esperanza y calidad de vida. La economía, por tanto, ha tenido siempre como consecuencia final en sus actos el beneficio en las condiciones de vida de terceros.

A lo largo de la historia humana ha habido diferentes personalidades quienes bien a través de la búsqueda de la belleza, pretendiendo descifrar los secretos del universo o queriendo sobrepasar los límites de lo cotidiano y conocido han sido capaces de marcar nuestra cultura como especie. Personalidades como Mozart, Einstein, Miguel Ángel o Thomas Edison, son sin lugar a duda ejemplo de ello. Ellos junto a muchos otros han sido capaces de convertir sus grandes pasiones en la fuente de su actividad económica y a esta última en su mayor legado, convirtiéndose en referentes para todos nosotros y reclamando con sus obras el derecho a la admiración.

Pero siempre ha existido una tendencia generalizada a creer que los ¨genios¨ son personas con un toque especial, capaces de llevar a la práctica sus acciones de un modo sencillo, como si estuviesen guiados por una inspiración divina, y lo cierto es que no fue así, todos ellos necesitaron tanto de tiempo y esfuerzo para mejorar sus habilidades como de la  participación de otras personas en mayor o menor medida para la consecución de sus grandes logros, los mayores logros siempre han tenido un componente de producción colectiva, Miguel Ángel, por ejemplo, necesitó la colaboración de un equipo de personas para pintar la Capilla Sixtina,  John Fitzgerald Kennedy necesito del trabajo de toda una nación y muy especialmente de los equipos de trabajos de la NASA para inspirar a los EEUU a poner un hombre en la luna al final de la década de los 60, Einstein necesitó que la comunidad astrónoma, representada por el Americano William Wallace Campbell y el Británico Arthur Stanley Eddington a través de fotografías de las estrellas en sendos eclipses de sol verificaran sus cálculos sobre la Teoría General de la Relatividad y poder así demostrarla de manera empírica o Thomas Edison, quien ha generado un asombroso número de patentes, produciendo innovaciones en el telégrafo, el teléfono o el fonógrafo, pero es importante resaltar que lo hizo con la ayuda de catorce hombres, como decía Francis Jehl, asistente de Edison durante un largo periodo ¨Edison es en realidad el nombre y el trabajo de un numeroso colectivo de hombres¨.

Los grandes logros no son por tanto producto de la inspiración divina de un genio solitario sino del trabajo de un colectivo de personas que dirigieron y coordinaron sus esfuerzos hacia un objetivo común, quizás por todos estos aspectos, uno de los valores más promulgados en las empresas hoy en día es la capacidad de trabajar en equipo, es decir, de aportar ideas a la mesa, de confrontarlas con las ideas de los demás, de ser valiente a la hora de defender tu punto de vista pero haciéndolo siempre buscando el bien general de todos, porque hoy más que nunca es necesario trabajar en equipos multidisciplinares, formado por profesionales de diferentes áreas donde podamos recoger todas las ideas y puntos de vista para pasar de la idea a un producto o servicio final que sea percibido por el consumidor como capaz de satisfacer la totalidad de sus  necesidades mejor que la competencia.

El aumento de la población mundial y la mejora de sus condiciones de vida en la mayor parte del planeta así como el aumento de la difusión de la información a través de las Nuevas Tecnologías son  aspectos que ayudan a explicar el aumento de la competitividad en el mundo de la empresa,  hoy en día las empresas no trabajan a nivel local (en una ciudad, región o país determinado) sino a nivel global ( hacen negocios en todo el planeta) y esto ha modificado el perfil del profesional requerido en el siglo XXI, debido al aumento de competencia en los mercados cada vez se requieren conocimientos más profundos sobre áreas más concretas, la mejor manera de hacer gala de conocimientos sólidos tiene que ver con evitar las lecturas inconexas y esto ha dado lugar a la especialización profesional, lo que ha convertido al perfil del  profesional del siglo XXI en expertos de materias concretas de trabajo. Por esta razón el ser capaz de crear buenos equipos de trabajo en la empresa, capaces de trabajar juntos buscando un objetivo común, aportando cada uno de ellos los conocimientos específicos de su área para poder crear un producto final de calidad se presenta como un punto de gran importancia para el éxito de estas, de otra manera parece difícil, así lo avala la historia.

 

Por

Jesús León Jiménez

Licenciado en Administración y Dirección de Empresas
Máster en Dirección y Gestión de Recursos Humanos

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Imagen por cortesía de Wikimedia commons

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